martes, 22 de marzo de 2016

Cuatro datos para entender el golpe en Brasil

1. El mito de la división de poderes
Lo cierto es que el juez que suspende el nombramiento de Lula tiene fotos en marchas pro-golpe. Otro juez, Sergio Moro, quien dirige las investigaciones contra Lula, fue formado por el Departamento de Estado, y el comisario de la Policía Federal a cargo de las requisas e investigaciones preliminares es reconocido defensor del opositor Aecio Neves.
Todos estos actores de la “justicia independiente” son los que ahora se están mostrando descarnadamente como lo que son. El juez Sergio Moro viola la constitución brasilera al filtrar el audio de una conversación telefónica entre la Presidenta y Lula para “sacudir la opinión pública”, luego del nombramiento de este último como jefe de gabinete el miércoles 16 de marzo, en el marco de la investigación en su contra con el fuero del juez Moro de primera instancia a la Corte Suprema de Justicia.
No hay justicia independiente, no hay una investigación con pruebas sólidas para detener a Lula y todo el caso ha sido utilizado, obviamente, con fines políticos. Se autoproclama un juez de primera instancia, prácticamente un barrendero judicial, como una figura que tiene las atribuciones de operar desde la lógica de “poder autonómo”, con capacidad de violentar cualquier norma jurídica de Brasil. Y es precisamente ese carácter “autónomo” el que desea ser replicado en Venezuela.
2. El golpe parlamentario y la comisión que lo lleva
Luego de que el Supremo Tribunal Federal aprobase el procedimiento deimpeachment en una clara sincronía con la detención de Lula y la marcha pro-golpe, la Cámara de Diputados armó la comisión en la que se decidirá si se da curso al juicio político contra Dilma Rousseff por estar supuestamente involucrada en hechos de corrupción.
La mayoría en la comisión la tiene el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), que en la actualidad está dividido entre los que fomentan el golpe comandados por Eduardo Cunha, los que apoyan al gobierno, como el recién nombrado ministro Mauro Lopes, y los que presionan para obtener mayor cuota de poder dirigidos por el vicepresidente Michel Temer.
Más allá de esto, lo concreto es que toda la línea de sucesión de Dilma es del PMDB porque posee la vicepresidencia y las presidencias del Senado y la Cámara de Diputados. Si el día de mañana cayera Rousseff, asumirían el gobierno hasta nuevas elecciones y esta especulación es la que tiene al PMDB en una supuesta deliberación interna para definir si continúan o no como sostén de Rousseff. Tanto es así, que la directiva del partido planea sancionar al recién nombrado Lopes por no haber respetado la prohibición de aceptar cargos de gobierno hasta esta definición.
Por eso la presión alrededor de esta comisión de diputados, una especie de revolver dando vueltas en la mesa, para que primero suspenda a la presidenta y haga prosperar el golpe: lo que Lula tiene que frenar como jefe de gabinete para recuperar el mando del gobierno.
Durante la movilización del PT no se hicieron esperar las elocuentes muestras de fascismo brasileño, que al igual que el venezolano, expresa con toda sinceridad su odio desmedido por no estar en el poder. A continuación una ferviente militante de la derecha brasileña recalcando que negros y analfabetos no deberían tener derechos.
3. Los industriales se pelean por entrar en la foto
Con la detención y el asedio de empresarios aliados al PT, como los de Odebrecht y Camargo Correa, las dos constructoras más expresivas del desarrollismo brasilero y latinoamericano, el poder empresarial más concentrado de Brasil, a cargo de la Federación de Industrias de San Pablo, ha tomado un papel activo en la promoción del golpe contra Rousseff, como lo demuestra el cartel eléctrico que puso en su edificio el día de ayer, y también el hecho de que el epicentro de la protesta fue San Pablo, con aparición de Aecio Neves incluida, prefigurando una ofensiva de la burguesía paulista por quedarse con parte del botín.
Junto a ellos y las transnacionales estadounidenses, ya nombradas aquí, también se ha sumado la Asociación Comercial de San Pablo, la Asociación Brasileña de la Industria Química y la Sociedad Rural Brasileña, entre otros actores económicos asociados principalmente al extrativismo minero, sojero y la especulación inmobiliaria.
Otros actores que, nuevamente, muestran las colas son los volubles mercados, que con la detención de Lula subieron su cotizaciones y el precio del real (moneda de Brasil), y con su nombramiento como jefe de gabinete bajaron ante las “prioridades políticas del gobierno” en detrimiento de la economía, según la calificadora Moody’s. Obviamente, la banca global quiere un golpe y cada vez que sus operadores no hacen prosperarlo, actúan en consecuencia.
4. Lo que definirá todo: la calle
La seguidilla de ataques y amenazas a sedes del PT, la cada vez más legitimada acción del fascismo vernáculo brasilero, y la inminencia de movilizaciones a favor y en contra del golpe, muestran no sólo un pulso político, sino que viendo el espejo venezolano de 2002 lo que aparece es la imposición de la agenda de uno de los dos bandos por la fuerza.
Si bien se puede decir que la entrada de Lula al gobierno cambia el panorama político y sirve de factor aglutinador y de cohesión, lo real es que el PT y el gobierno de Dilma están en un fase de recomposición de sus fuerzas y la ultra en una ofensiva que plantea rematar a sus enemigos, con el aliciente de que no le temblará el pulso si puede meter preso a las dos figuras más visibles del PT y condenar a la disolución a este partido y sus aliados.
Por lo que se avecina se asemeja, posiblemente, más a un Maidan ucranianoque a un enrosque de cargos y puestos en el gabinete para mitigar y aplazar los tiempos del golpe en curso, porque, como dijimos, lo que suceda en el Congreso será definido antes, durante y después en la calle. El reciente intento de trancaruna avenida neurálgica de San Pablo hasta que Rousseff se vaya lo comprueba y traza las coordenadas políticas de una revolución de color en velocidad crucero.
Y viene a colación el ejemplo ucraniano, porque durante este golpe en Kiev el presidente Victor Yanukovich cedió una y otra vez ante la escalada de violencia de los “manifestantes” del Maidan hasta que el golpe parlamentario fue consumado, sin que acusara recibo ni defensa, como ha venido sucediendo en Brasil hasta la detención de Lula y la reacción popular vista estos días en su defensa.
Por eso la pregunta ante la inminencia de un 11 de abril es: ¿habrá un 13?

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